domingo, 31 de marzo de 2013

Trabajo para los lectores de esta Página

La escuela  brindara a sus lectores algunos textos literarios invitando a sus lectores a dejar su apreciación; no nos interesa un simple comentario como "Es linda""Me gusto" Sino que entendieron del texto que leyeron; cuales fueron sus protagonistas y que tema se trato; si algo los sorprendió en el relato; adelante esperamos su comentarios



Terapia del reencuentro

            Una vez más le volvió a suceder y se sintió frustrado; su formación profesional le demandaba esforzarse por entender la mentalidad humana, las reacciones de la gente.
            Estaba capacitado para ser un consejero eficiente, tenía una amplia experiencia en personas con un perfil psicológico parecido, pero la situación lo estaba superando: Angélica era un enigma, había tratado de varias maneras y con técnicas diversas conocer un poco más de su problemática. Por momentos daba la impresión de haber evolucionado, se notaban algunos cambios en la joven que ameritaba alguna esperanza, pero a los pocos días y ante una nueva consulta, retornaban los miedos, las ambivalencias y eso lo hacía sentir impotente.
            La última consulta lo intranquilizó bastante. Tomó la guía telefónica y se quedó mirándola en silencio; en el Instituto donde se formó profesionalmente les habían recomendado que, en casos difíciles, podían realizar interconsultas con otros profesionales y derivar, de ser necesario, a su consultante. Pero siempre es difícil reconocer nuestras limitaciones, nuestro “ego” debe ser adiestrado pensando en el bienestar del otro, eso lo entendía y al ejercer esta tarea lo había asumido.
            Pero esta vez sería la excepción a la regla, sería el que asumiría plenamente esa responsabilidad; tomó el auricular del teléfono interno y le invitó a pasar. El paso resuelto de Angélica al ingresar a la consultoría lo intuyó positivo, al menos su ánimo estaba bien; la invitó a sentarse y, mirándola a los ojos, le dijo en forma pausada pero firme, que había encontrado la mejor manera de ayudarla, era una forma primitiva, pero eficaz.
            Recuperar su pasión por la vida, volver a creer en sus capacidades y por sobre todas las cosas mantener su carisma de mujer difícil; ella lo miró en silencio, la mirada de esa angelical muchacha lo turbó, pero reaccionó con simpatía, tomó una hoja de su agenda y se la extendió a la joven invitándola a describir sus emociones; sabía que la escritura permite a las personas un auto-conocimiento: mientras relatamos sobre nuestras sensaciones, lo que percibimos como realidad vamos indagándonos y sin lugar a dudas este sería un paso positivo para la joven.
            Ella sonrió y comenzó a relatar. Se tomó su tiempo, encendió un cigarrillo, recorrió con su mirada el estudio y pensó cada palabra; al finalizar el escrito firmó con su nombre original tantas veces negado: Carlos Antonio.  Había asumido una personalidad que no le correspondía, se había reencontrado consigo mismo; desde aquel día, dejó de ser un travesti por elección y recuperó al hombre, deseoso de manifestarse.